TENER VALORES

Cuenta la fábula que un escorpión, ante la imposibilidad de cruzar un rio, decidió pedir ayuda a una rana. La rana en un principio se negó, consciente que una vez estuviera transportando al escorpión restaría desamparada frente a su temido aguijón. El arácnido negó tal posibilidad argumentando que esto implicaría su propia muerte por ahogamiento.  Al final, la rana accedió a transportar al escorpión y en medio de la travesía éste último la atacó. Ante la pregunta de por qué tal ataque que los condenaba a los dos a morir, la respuesta fue breve: soy un escorpión y ésta es mi naturaleza.

La especulación es inherente al ser humano. La búsqueda de un enriquecimiento rápido a través de la revalorización de un activo en cartera, es muy anterior al nacimiento del mercado organizado de capitales tal y como lo entendemos hoy en día. Desde siempre la posesión de recursos escasos, consideraros estratégicos mas allá de los realmente necesarios para nuestra supervivencia, ha marcado la evolución de nuestra especie.

Dicha naturaleza explicaría el desarrollo de las burbujas económicas.

El proceso de  formación de las denominadas Burbujas Económicas, sigue siendo a fecha de hoy  un reto para la teoría económica. Si bien pueden tener su origen en un mal análisis de los activos sobre los que se generan, parece evidente que la especulación desempeña un papel fundamental en el proceso.

Una de las principales características de toda burbuja, es la incapacidad por parte del mercado de determinar la evolución del precio de un activo específico basándonos únicamente en la oferta y la demanda.

Toda burbuja culmina en un “estallido” y suele ser reconocida a posteriori. Las consecuencias acostumbran ser nefastas.

La Historia de la Humanidad está plagada de ejemplos que confirmarían que la condición humana es un terreno abonado para este fenómeno económico. Desde la tulipomanía del siglo XVII en Holanda, pasando por el Crack de 1929 o la reciente burbuja inmobiliaria del 2008 en España.

La pregunta que uno como inversor debe realizarse, es por qué a pesar de lo cíclico de este fenómeno,  una gran masa de inversores tiende sistemáticamente a especular. ¿Por qué se tiende a entrar en mercados sobrevalorados y se desprecian históricamente activos claramente sobrevendidos?

La respuesta es fácil, al igual que el escorpión,  es nuestra naturaleza.

Tal es el comportamiento de la gran mayoría de inversores, que algunos de los indicadores de compra-venta más fiables son los que se utilizan como “indicadores de opinión contraria”.

Frente a  dicho comportamiento, es en momentos como los actuales donde hay que poner en valor un concepto denostado; la inversión.

Sin entrar en una extensa definición del concepto, si entendemos la inversión como el resultado de un proceso de análisis profesional, metódico y carente de la condicionalidad temporal, podremos llegar a comprender la importancia del mismo en el contexto actual.

Si somos capaces de aislar nuestro análisis del entorno pesimista que nos rodea, al igual que en una burbuja debemos ser capaces de aislarnos del optimismo generalizado,  y de aplicar los criterios de inversión necesarios, descubriremos que numerosos activos, especialmente de renta variable, actualmente distan mucho de cotizar cerca de  su valor real.

¿Creen que esto no es así?

¿Qué les parecería si les dijese, que actualmente se están comprando compañías a precio de saldo con el dinero que las opadas tienen en caja? ¿Increíble? Pues dediquen cinco minutos a analizar la compra de Vueling por parte de IAG o mejor aun pidan su opinión a los accionistas minoritarios de la opada.

Llegados a este punto, cada vez tengo más claro sin lugar a duda  que  es momento de… TENER VALORES.

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