Inicio del 2022 realmente tormentoso, en que los bajistas han tomado el mercado. Mas allá de los puntuales y recurrentes aportes de volatilidad (En este caso han sido las tensiones geopolíticas causadas por Ucrania), lo cierto es que el escenario ha abonado dicho inicio. Los altos niveles de inflación, causados por las extremadas medidas no convencionales de política monetaria aplicadas para paliar la pandemia en curso, han propiciado por lo menos una recogida de beneficios.

El mercado, sobre todo el americano, empieza a asimilar que dicha inflación no será transitoria y que la FED deberá actuar para amortiguar los ecos de la expansión cuantitativa aplicada. Se espera que este 2022 concluya con un mínimo de 4 subidas de tipos del 0,25 cada una.

En Europa, como siempre, todo parece indicar que los movimientos serán mas lentos, pero que poco a poco transitarán en la misma dirección. El problema europeo sigue radicando en la dispersión de sus diferentes economías, así como en sus divergentes niveles de endeudamiento público. Un paso en falso producto de un exceso de celo procedente del norte y determinadas economías podrían ver altamente comprometida su capacidad de financiación.

De fondo, la guerra de divisas entre el € y el $ sigue subyaciendo. Si bien es cierto que parecen haber quedado atrás los altos niveles de fortaleza experimentados por el € al inicio de la década pasada, los niveles actuales enmarcados en un gran lateral entre 1,25 y 1,05 siguen plenamente vigentes. Si el timing de la FED es el indicado, es posible que el $ amparado en una mayor rentabilidad del bono americano, busque máximos de la última década visitando la parte más baja de dicho canal.

Mas allá de la retórica habitual sobre la importancia de una divisa fuerte, lo cierto es que las principales administraciones siguen buscando el equilibrio entre una divisa competitiva en un entorno comercial globalizado y la robustez de un activo refugio de referencia.

Mención aparte, merece el gigante chino. La locomotora china seguirá presentando el endémico problema a que tiene acostumbrado a todos los analistas. Es un régimen comunista. Dicha afirmación, no por redundante, deja de ser relevante. Toda la información que se analiza sobre la economía china es aquella proporcionada por su administración. Si en un entorno más homologable es prudente poner en una cierta cuarentena todos los datos recibidos y contrastarlos con diferentes fuentes, en el caso chino de existir diferentes fuentes sería imperativo realizar dicho contraste. El imprevisible comportamiento regulatorio del gobierno chino, como muy bien se ha podido comprobar durante el pasado 2021, así como la fidelidad de los datos tanto a nivel macro, como especialmente a nivel micro (Véase Evergrande, Didi, Alibaba…) seguirán aportando de buen seguro volatilidad a los mercados.

Así pues, en este escenario, el stock picking parece que será determinante. A todos aquellos activos que puedan presentar un buen comportamiento en un entorno inflacionista, habrá que sumar una progresiva aproximación a aquellos activos que descansen bajo el paraguas del denominado “Value”.

A pesar del inicio de la regularización de tipos, 2022 seguirá siendo un año complicado para la estructuración de la parte mas conservadora del portfolio. Sin activos de renta fija con un retorno aceptable, con una calidad mínima y en la parte corta del a curva, la búsqueda de estrategias de retorno absoluto seguirá siendo el principal vector director para articular dicho compartimento.

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