Sala de máquinas, más madera!

Sala de máquinas, ¡Más madera!

Seguimos inmersos en  medio de la tormenta perfecta y personalmente creo que  ya hemos analizado suficientemente  entre todos las causas de la crisis actual y la complejidad de la misma. Hoy por hoy, el foco está puesto en el elevado endeudamiento estatal. Una vez asimilado y digerido el mismo, apuesten por que el centro de atención será el crecimiento, un debate mucho más interesante desde mi punto de vista.

Pero más allá de asumir una situación complicada e incierta entre todos los actores del mercado, la percepción es que ni se están tomando las medidas adecuadas, ni se están comunicando con el timing acertado.

En la era de la comunicación y en un entorno globalizado, el control y la articulación de un discurso creíble y coherente es vital para un segmento de la economía; los mercados financieros, que básicamente buscan estabilidad.

Por todos es sabido que el objetivo primordial de cualquier administración es la reelección y que la consecución de la misma puede implicar medidas que disten mucho de la consecución del  óptimo económico. En momentos de crisis económica, esta dicotomía se hace más evidente y sobretodo resulta más preocupante.

Durante los últimos meses, la falta de estadistas a nivel mundial y en concreto en Europa ha llevado a los mercados financieros a un nivel de estrés inconcebible. La tradicional “bolsa” ha adoptado la caracterización de un juguete roto a manos de líderes inconscientes, entregados a su electorado.

Tradicionalmente, el comportamiento de los mercados en su afán de cotizar expectativas futuras, ha servido de indicador adelantado de la evolución económica, pero últimamente el mismo es incapaz de traducir y interpretar a unos gobernantes que parecen actuar de forma demagógica e improvisada.

Un claro ejemplo de dicho comportamiento, difícilmente comprensible, ha sido la gestión de Jean Claude Trichet al frente del  Banco Central Europeo. En su afán de liderar la ortodoxia económica más pura,  abandonará su cargo con una moneda única aspirando a ser moneda refugio en perjuicio de un débil dólar, pero con la paradoja que podría acabar siendo una moneda  sin una zona común que representar.

Justificar la necesidad de una subida de tipos el mismo día en que se aprueba un plan de salvamento para una de las economías de la zona euro, es un ejercicio digno del más aclamado malabarista.

Entre tanto despropósito un solo consejo; calma, mucha calma y tranquilidad.

En medio de esta tormenta, los inversores, desde mi punto de vista es muy importante que no pierdan la calma. Todos, inversores profesionales y particulares, debemos retomar un punto de cordura y empezar a dimensionar correctamente el problema.

Nunca he negado que el escenario económico presente un grado de complejidad e incertidumbre elevado, como cada crisis importante, presenta elementos nuevos  y necesitará medidas innovadoras para combatirlos correctamente, pero centrándonos puramente en las cotizaciones de determinados activos financieros, es inevitable admitir que en muchos casos  hemos llegado al absurdo.

Enmarcado en el espíritu del blog, en mis dos últimos artículos hacía un símil sobre la problemática de la navegación en un entorno meteorológico tan complicado. Siguiendo el mismo, simplemente les diré que a pesar tener muy claro el destino de nuestra ruta a veces resulta sumamente complejo mantener firme el timón y es en estos momentos cuando es vital  recordar que nuestro principal cometido como inversores al mando de nuestra cartera, es llevar al barco y a toda la tripulación a buen puerto sin permitirse el lujo de dejarse arrastrar por el pánico; no es fácil.

Manteniendo firme el timón, simplemente una frase….

Sala de máquinas, más madera!

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